Salud en Redes Sociales

La Salud en las Redes Sociales

Una de las características de nuestra sociedad es el uso de las redes sociales. Desde que es posible conectarse a internet por medio de los teléfonos celulares, la utilización de estos medios relacionales en línea ha aumentado, posiblemente gracias a la facilidad, portabilidad y economía de poder contactar a las personas con las que deseamos interactuar así como por la información de interés social que ahí se comparte.

Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares 2019 (ENDUTIH), en México hay 80.6 millones de usuarios de Internet, que representan el 70.1% de la población de seis años o más. Los tres principales medios para la conexión de usuarios a Internet en 2019 fueron: celular inteligente (Smartphone) con 95.3%; computadora portátil con 33.2%, y computadora de escritorio con 28.9 por ciento. Las principales actividades de los usuarios de Internet en 2019 correspondieron a entretenimiento (91.5%), obtención de información (90.7%) y comunicarse (90.6 por ciento). La ENDUTIH 2019 también estima que 48.3 millones de los usuarios de Internet mediante celular inteligente (Smartphone) instalaron aplicaciones en sus teléfonos. De estos, el 86.4% instaló aplicaciones de mensajería instantánea y el 80.8% para acceder a redes sociales.

Al revisar los datos anteriores, es evidente el uso que se hace de los teléfonos inteligentes para conectarnos a internet, lo que facilita la conexión a la red gracias a su portabilidad en todo momento. Hace unos años si queríamos ingresar a la web era necesario tener una computadora de escritorio, en la actualidad podemos entrar desde la calle, el baño, el auto, prácticamente desde cualquier sitio que tenga señal Wi-Fi.

Esto ha generado que varias personas dediquen una gran cantidad de tiempo a sus interacciones con estos medios de comunicación. El sociólogo Zygmunt Bauman (2012) quien describe ciertos rasgos de la sociedad actual al respecto escribía:

Zygmunt Bauman (2012)

(“Ninguna parte” es, en realidad, un espacio sin celular, un espacio fuera del área de cobertura del celular, o un celular sin batería). Y una vez que usted tiene su celular, ya nunca está afuera. Uno siempre está adentro, pero jamás encerrado en ningún lugar. En el corazón de una red de llamados y mensajes, uno es invulnerable.

La proximidad virtual y la no virtual han intercambiado sus lugares: ahora la proximidad en su variante virtual se ha convertido en una “realidad” que se ajusta a la descripción clásica de Émile Durkheim algo que fija, que “instituye fuera de nosotros ciertos modos de acción y ciertos juicios que no dependen de cada voluntad individual tomada por separado”, algo que “es reconocible por su poder de coerción externa” y por la “resistencia que ofrece ante cada acción individual tendiente a contravenirlo””. 

Coincidimos con Bauman, nuestra existencia virtual se ha vuelto sumamente importante en la actualidad, al grado que hemos atestiguado que para muchos, esta realidad tiene más importancia que su vida física, así, hemos visto a parejas unirse y separarse, a personas que se alegran por lo que les dicen en estos medios electrónicos o quienes incluso se han quitado la vida por lo que les han comunicado por estas vías.

Ante la innegable influencia de las redes sociales en nuestra vida actual, es obvio que de alguna u otra forma éstas afectan nuestra salud. Precisamente en este documento queremos preguntarnos: ¿cómo podemos cuidar de nuestra salud en estos poderosos medios de comunicación?

Para nosotros y para la OMS (2020), la salud es: “un estado de completo bienestar físico, mental y social”. Coincidimos con Keeney (1991) en que esto puede vivirse al buscar un “equilibrio vital” en la diversidad sin minimizaciones o maximizaciones. Esta salud, entendida como bienestar y como “equilibrio vital” es vivida por cada quien de distintas formas.

Tener estas ideas de salud al estar en la realidad virtual puede servirnos para preguntarnos: ¿cómo podemos mantener nuestro bienestar físico, mental y social, al dar y recibir información en las redes sociales? ¿Cómo buscar un “equilibrio vital” en la diversidad sin minimizar o maximizar datos?

Para responder a estas preguntas, consideramos útil tener en cuenta distintas ideas que hemos aprendido a lo largo de nuestra experiencia como psicoterapeutas sistémicos posmodernos.

Tal es el caso del trabajo sobre comunicación de Paul Watzlawick y sus colaboradores (1997). Para ellos, toda comunicación afecta la conducta tanto del receptor como del emisor, pues ambos están ligados de manera inseparable, así, la reacción del receptor tiene un efecto sobre el emisor y viceversa, pues ambos intercambian posiciones a lo largo de una interacción.

Paul Watzlawick

Es importante tener esta imagen circular en la mente a la hora de comunicarnos, pues nosotros influimos a los demás y los demás influyen en nosotros, de ahí que al hablar de nuestra comunicación y salud en las redes sociales, puede entenderse en estas dos vías, tanto al recibir información pero también al darla, ya que desde esta teoría, hacemos estas dos cosas inevitablemente: la comunicación de las redes sociales influye en nuestra salud y nuestra forma de reaccionar y comunicar también influye en la salud de quien nos lee.

Watzlawick y sus colaboradores exponen en su trabajo:

Es imposible no comunicarse: actividad o inactividad, palabras o silencio, tienen siempre un mensaje: influyen sobre los demás, quienes a su vez no pueden dejar de responder a tales comunicaciones y, por ende, también comunican… no es posible no comunicarse”.

(Watzlawick y cols., 1997, pp. 51-52).

Otra idea interesante de estos estudiosos de la comunicación de Palo Alto California, que puede servirnos para tener salud en las redes sociales, es el distinguir que en toda comunicación existen aspectos vinculados a la relación entre los comunicantes y también están presentes datos relacionados al contenido.

Toda comunicación implica un compromiso y, por ende, define la relación… Esta es una manera de decir que una comunicación no sólo transmite información sino que, al mismo tiempo impone conductas… de hecho parece que cuánto más sana y espontánea es una relación, más se pierde de trasfondo el aspecto de la comunicación vinculado con la relación. Del mismo modo las relaciones enfermas se caracterizan por una constante lucha acerca de la naturaleza de la relación, mientras que el aspecto de la comunicación vinculado con el contenido se hace cada vez menos importante”

(Watzlawick y cols., 1997, p. 54).

Conocer los planteamientos anteriores nos ha ayudado a tener relaciones sanas en el mundo presencial, consideramos que también estas ideas resultan útiles en el mundo virtual, de tal forma que todo mensaje que leamos o expongamos tendrá contenido, pero también al mismo tiempo, nos comprometerá con ciertas posturas ideológicas y esto generará reacciones en quien nos lee o ve, de acuerdo a sus propias preferencias y gustos, afectando de esta manera la relación que tenemos con esa persona. Por eso es importante tener en cuenta esta teoría, que puede explicar las reacciones intensas que algunos podemos tener ante ciertas publicaciones virtuales.

Paul Watzlawick y sus colaboradores (1997) también advierten en su investigación sobre la comunicación humana, que los aspectos de contenido y relación entre los comunicantes pueden tener las siguientes variaciones posibles:

  1. Los participantes concuerdan con respecto al contenido de sus comunicaciones y en la definición de su relación.
  2. Los participantes están en desacuerdo con respecto al nivel de contenido y también en el de relación.
  3. Los participantes están en desacuerdo en el nivel de contenido, pero ello no perturba su relación; quizá esta sea la forma más madura de manejar el desacuerdo.
  4. Los participantes están de acuerdo en el nivel de contenido, pero no en el relacional, lo que significa que la estabilidad de su relación se verá seriamente amenazada.
  5. Otra posibilidad son las confusiones entre los dos aspectos <<contenido y relación>>, que puede consistir en un intento de resolver un problema relacional en el nivel del contenido.
  6. Por último, una persona se ve obligada de un modo u otro a dudar de sus propias percepciones en el nivel de contenido, a fin de no poner en peligro una relación vital con otra persona (Watzlawick y cols. 1997, pp. 81-82).

Las variaciones que plantean estos especialistas en la comunicación, nos pueden ayudar a interactuar mejor ante las diferencias de opinión que experimentamos en las redes sociales, sobre todo en los comentarios que nos hacen y que hacemos en las publicaciones. Queremos destacar esta idea, porque hemos presenciado cómo han terminado amistades y relaciones importantes de años, al tener opiniones distintas. ¿Qué pasaría si separamos el contenido de la relación en una publicación o comentario que no nos gusta? ¿Tener claridad en la separación entre contenido y relación en nuestras publicaciones en redes sociales nos puede ayudar a tener una mejor salud entendida como bienestar?

De verdad deseamos que la información anterior pueda ser de utilidad para cuidar tus relaciones en las redes sociales, pues vemos con preocupación que estos medios de comunicación en muchas ocasiones son utilizados para generar una mayor división social, lo cual afecta nuestra salud, al dejar de tener ese bienestar común tan necesario para la existencia humana. Y es que las diferencias entre las personas es lo más real y esperable que podemos experimentar a la hora de relacionarnos con las demás personas, ya que cada quien tiene y por tanto vive una realidad distinta, tenemos vidas diferentes: cuerpos, familias, experiencias, información, intereses, distintos. Al tener en cuenta esto, es imposible que los demás piensen igual que yo.

Dice Watzlawick y sus colaboradores (1997) que cuando no contemplamos estas diferencias, se hacen acusaciones mutuas de locura o maldad, pero, para este grupo de investigadores, lo que ocurre es que uno de los comunicantes no cuenta con la misma cantidad de información que el otro, pero no lo sabe. Para ello plantean, que se hace indispensable el metacomunicarse, lo cual significa tener conversaciones acerca de su comunicación, de sus opiniones e ideas ¿Qué pasaría si conversáramos con esa persona que hace un comentario con el que no concordamos acerca de su punto de vista, de sus razones, su historia en relación al tema y de la información que tiene para opinar de esa manera?, ¿sería esto posible?

Otra idea útil de la teoría de la comunicación humana es la de tener en cuenta que las personas nos podemos relacionar simétrica y/o complementariamente:

Ambos conceptos se refieren simplemente a dos categorías básicas en las que se puede dividir a todos los intercambios comunicacionales, ambas son importantes y en relaciones sanas ambas deben de estar presentes, aunque en alternancia mutua o actuando en distintas áreas”

(Watzlawick y cols. 1967, p. 104).

De esta forma, hay ocasiones en las que es recomendable interactuar con nuestros contactos de una forma igualitaria, normalmente esto tiene que ver con la camaradería y el disfrute, pero también es importante reconocer que en algunas situaciones tendremos que relacionarnos con humildad desde una postura diferente de acuerdo a nuestras capacidades y recursos, sean estos “superiores” o “inferiores”, justo esto suele ser necesario ante las diferencias, pues tenemos que decidir si actuamos con cierta autoridad o admiración, curiosidad, respeto, incluso obediencia. Tomar en cuenta que hay varias formas de estar con los demás en los espacios virtuales.

Todas estas ideas sobre la comunicación humana del siglo XX siguen vigentes en nuestra era digital, aunque también es importante considerar que los avances tecnológicos en los dispositivos de comunicación e información están transformando las maneras en las que nos comunicamos con las y los demás.

Por ejemplo, el psicólogo social Simone Belli (2009) plantea los conceptos de techno-disembodiment y disclosure que pueden caracterizar nuestras interacciones en las redes sociales:

En los tiempos actuales, con el uso y avance de las tecnologías de la información y las comunicaciones, se ha comenzado a hablar de techno-disembodiment como “una creciente abstracción de la forma en que vivimos nuestros cuerpos y una generalización de la mediación tecnológica de las relaciones sociales”.

“Cuando nos encontramos delante de una pantalla se desencadenan una serie de mecanismos que hacen emerger nuestros aspectos más íntimos, a los que la narrativa científica ha etiquetado con el término de disclosure: a través de la mediación de una pantalla podemos decir cosas que nunca diríamos cara a cara, especialmente cuando se trata de asuntos referidos a la esfera íntima y privada como son las emociones y la sexualidad”.

(Belli, 2009, pp. 89-90).

Esta libertad de expresión facilitada por el disclosure y el techno-disembodiment, puede ser lo que facilita los conflictos que se generan en las redes sociales, ya que muchas personas expresan lo que sienten sin reflexionar en la salud de los demás, e incluso sin reflexionar en la salud de ellas mismas, al dejar de tener presente la idea de Watzlawick (1997): “la comunicación nos compromete e impone conductas a los demás”. ¿Qué ocurriría si al comunicarnos en redes sociales tuviéramos esta idea presente?, ¿te sería posible?, ¿qué tendría que ocurrir para que pudieras tener esta conciencia?

Para la psicoterapeuta Ximena Dávila (2014) “somos seres emocionales”. Sentimos todo el tiempo, y pareciera que eso que experimentamos tenemos que expresarlo de alguna u otra forma. Kenneth Gergen (2018) al respecto escribe: “Nos comunicamos luego existo” (p. 345) y también este último autor en su libro Relational Being de 2009 propone: “Siempre estamos emergiendo de las relaciones; no podemos salirnos de la relación; incluso en nuestros momentos más privados nunca estamos solos” (p. XV).

Las ideas del párrafo anterior pueden explicar por qué desde que comenzó la pandemia del COVID-19, las redes sociales han sido uno de los medios de comunicación en los que las personas han vertido sus sentires ante el fenómeno del coronavirus. Hay gente que ha expresado en estos espacios virtuales sus miedos, tristezas, enojos, inconformidades, críticas, ofensas, memes, bromas, mensajes de cariño, de concientización, de apoyo, ataques políticos, de incertidumbre, etc.

Entrar a cualquier red social, es abrirse a recibir una inmensa cantidad de información diversa, que muestra diferentes formas de pensar y sentir, que a veces pueden coincidir con nuestros gustos y valores, pero otras veces no. Reflexionando esta idea, sería prudente cuestionarnos: ¿para qué ingresamos a las redes sociales?, ¿cuál es la intención de estar en estos sitios virtuales?

Al hacernos estas preguntas, caemos en cuenta de una gran cantidad de ocasiones que entramos a estos sitios virtuales por costumbre y rutina, como una actividad automática sin ninguna reflexión. Hacer cualquier cosa sin pensar, puede ser algo preocupante, digno de reflexionar, que nos lleve a cuestionar para qué hacemos esa actividad, cuáles son los beneficios y los daños que esa decisión nos hace sentir.

A lo mejor alguien pudiera expresar que quiere estar en sus redes sociales, para divertirse, relajarse, desestresarse, calmarse, jugar, interactuar con alguien que le es importante o necesario, quizás para contratar servicios profesionales, habrá quien lo haga para relacionarse y expresar sus sentimientos y tal vez otros lo hagan para informarse. Consideramos que hay muchas razones para estar presentes en estos mundos virtuales, razones que conviven entre sí, a veces chocando, otras tolerándose y algunas más, respetándose.

Parece necesaria una cultura de preguntarnos las distintas intenciones que llegan a coexistir en estos multiversos virtuales, empezando por las de cada quien ¿Esto es algo posible para ti? ¿Cómo podrías tener presente que las personas que interactúan en las redes sociales pueden tener intenciones distintas que las tuyas? ¿Responder a estas preguntas te podría ayudar a tener más salud en estos sitios electrónicos?

Como muchos, deseamos que como humanidad podamos vivir en paz, sin embargo, después de ver las interacciones en redes sociales esto nos parece algo casi que imposible, debido a la falta de respeto que existe hacia otras formas de pensar ¿Cómo podríamos tener más respeto hacia las opiniones de otras personas que piensan diferente a mí?

Para nosotros, la clave está en el concepto de amor que propone el neurobiólogo chileno Humberto Maturana:

El amar es lo que ocurre en el vivir en las conductas relacionales a través de las cuales el otro, la otra o uno mismo surge como legítimo otro en convivencia con uno”

(Maturana, 2011, p. 13)

Es necesario comprender que las demás personas son diferentes a mí, entender que no puedo cambiar su forma de pensar, que no tengo por qué estar de acuerdo con ese ser, ni tampoco tiene que gustarme lo que opina, pero sí aceptar que esa persona es diferente a mí y por lo tanto tendrá una realidad distinta y el derecho a expresar eso que vive. Posiblemente el respeto sea la clave para convivir con nuestras diferencias de una forma saludable.

Durante la pandemia por el SARS-COV 2 (COVID-19) ha sido evidente la difícil convivencia de los seres humanos ante las diferencias de opinión, que prácticamente han sido infinitas, incluso pareciera que este tema relacionado con un virus, tiene más que ver con la fe y las creencias de las diferentes personas que vivimos en este planeta que, ante el desconocimiento de este fenómeno biopsicosocial, se presta a especulaciones de todo tipo. Esto ha generado que circule información que genera confusión y otras dificultades personales, relacionales y de salud.

Pareciera que estas expresiones de las redes sociales acrecientan los problemas de salud. El filósofo surcoreano Byung Chul Han (2020) ha escrito al respecto: “La pandemia no es solo un problema médico, sino social…“. Y mucho de lo social que se relaciona con la salud tiene que ver con las interacciones, la comunicación y la información que se comparte. De tal forma que hace sentido la frase de William Burroughs: “La palabra en sí misma puede ser un virus” y como tal en esta pandemia lo que decimos puede enfermar aún más a nuestra sociedad.

De ahí que sea importante considerar la higiene y los cuidados en nuestra forma de expresarnos, pues influimos en la salud de los demás y en la nuestra con la información y comunicación que compartimos, pero ¿cómo se puede conseguir esto?

En el año 2007 acudimos a una conferencia de Edgar Morin titulada: “De la sociedad de la información a la sociedad del conocimiento”, en este evento él dijo lo siguiente:

Sociedad de la información no es lo mismo que el saber del conocimiento, tenemos mucha información que llega cada día como una lluvia, pero la información se pierde, se olvida. La información no es nada sin un proceso de articulación, que es el conocimiento, conocimiento es organizar las informaciones, es encontrar el sentido. Los conocimientos están separados y no hacen al CONOCIMIENTO, que es un modo superior para comprender lo que pasa o lo que existe. Sabiduría es el arte de integrar los conocimientos para mejorar la vida. El desintegrar el conocimiento nos hace ciegos sobre los problemas globales, por no ver las interacciones, implicaciones y retroacciones. Todo el saber está disperso sin conexión, conocimientos sobre el hombre sin conexión, paradoja de conocimientos que crea un nuevo tipo de ignorancia”.

Morin (2007)

En base al párrafo anterior ¿cómo organizas y le das sentido a la información que recibes en tus redes sociales?  ¿Qué tendrías que hacer para integrar los conocimientos que lees y escuchas en estos sitios virtuales con el afán de mejorar tu vida y salud?

También hay que tomar en cuenta que las redes sociales nos brindarán una gran cantidad de opiniones y puntos de vista, que bien podríamos llamar verdades, así, en plural, más querer encontrar en ellas las respuestas a nuestros dilemas; algo que podría ser riesgoso, por más que quienes publican esa información consideren que es la verdad más verdadera con la mejor intención. Kenneth Gergen (2018) al respecto dice: “Es más razonable considerar las pretensiones de verdad y de rectitud como cosmovisiones de comunidades que tienen intereses, valores y estilos de vida particulares” (p.198). Por eso es recomendable que, al toparnos con nueva información, y antes de difundirla, nos preguntemos ¿con qué intereses nos estamos vinculando? ¿A qué comunidad le conviene que pensemos y actuemos de la forma que esos datos proponen? ¿Por qué esas comunidades quieren que adoptemos cierto estilo de vida?

Michel Foucault (2013) sugiere hacer una “arqueología” de los conocimientos, que consiste en: “tratar precisamente de recuperar la constitución de un conocimiento, es decir, de una relación entre un sujeto fijo y un dominio de objetos, en sus raíces históricas y el movimiento del saber que lo hace posible” (p.52).

Por todo lo anterior y con el objetivo de facilitar una relación reflexiva con la información que recibimos y compartimos cada día en redes sociales, consideramos que puede ser de utilidad plantearse las siguientes preguntas basadas en la idea de “arqueología” de Michel Foucault:

  • ¿De dónde viene esta información?
  • ¿Cuál es la historia y el contexto del autor que propone esta información?
  • ¿Cuáles son sus intereses?
  • ¿A qué instituciones favorece esta información?
  • ¿Cómo me hace sentir? ¿De qué formas beneficia o perjudica mi entorno? ¿Qué quiero hacer con esta información?

Y a esta lista le puedes añadir otras preguntas, lo importante es que, antes de dejarte llevar por una reacción emocional o un impulso, te permitas establecer una relación crítica y reflexiva que te lleve a filtrar la información con la que interactúas cotidianamente, cuestionándote acerca del “equilibrio vital” presente, cuidando la diversidad de opiniones sin maximizar o minimizar perspectivas. Podría ser que al hacer esto puedas encontrar una mayor salud en esos espacios virtuales.

También es importante tener en cuenta que al favorecer ciertas ideas estaríamos desplazando a otras, descalificando automáticamente otros conocimientos alternativos y grupos de personas (White & Epston, 1993), quizás esta sea una de las razones por la que algunas personas reaccionan agresivamente cuando sus ideas son dejadas de lado. Dice Ken Gergen (2018):

Hablar dentro de un discurso es siempre adoptar una posición moral o política frente a los demás. Todo discurso, al proceder guiado por unas premisas, excluye necesariamente otras… Por lo tanto, habrá siempre una tensión entre los que están inmersos en un discurso y los marginados por él”

Ken Gergen, 2018 (p. 367).

A nosotros nos encanta la idea de John Lennon de “ser uno”, creemos como él, que esto es un sueño de muchos en el que nos queremos unir, pero no para que pensemos igual, esto es imposible, pero quizás lo que sí podemos hacer es RESPETARNOS para poder convivir, entendiendo que somos diferentes, porque tenemos realidades distintas. Como dice Markus Gabriel:

Cuando pase la pandemia viral necesitaremos una pandemia metafísica, una unión de todos los pueblos bajo el techo común del cielo del que nunca podremos evadirnos. Vivimos y seguiremos viviendo en la tierra; somos y seguiremos siendo mortales y frágiles. Convirtámonos, por tanto, en ciudadanos del mundo, en cosmopolitas de una pandemia metafísica. Cualquier otra actitud nos exterminará y ningún virólogo nos podrá salvar”.

(Markus Gabriel 2020).

Parece que sólo el respeto es el que nos ayudará a convivir en paz y tranquilidad, de no ser así podríamos someter a los otros siendo violentos, como refiere Humberto Maturana (2014): “La agresión es cuando niego al otro en convivencia con él, no se le ve y escucha, no tengo presencia, no lo veo y tomo en cuenta”.

Para nosotros, lo anterior es una invitación a reconocer a las otras personas en sus redes sociales, respetando sus opiniones como una forma de verles, de escucharles, lo cual no significa que nos guste y agrade esa información que publican, pero si podríamos trasmitir la idea de que entendemos que esa persona tiene y ejerce su derecho a opinar y expresar lo que siente, lo cual no tiene que ser igual a las sensaciones y opiniones de quien lee esos mensajes, aún cuando sean amigos o conocidos desde hace mucho tiempo.

Marita Osés (2020) comenta: “Lo que nos aleja siempre es el rechazo de la diferencia”. No necesitamos alejarnos de nuestros seres queridos al tener diferencias de opinión si nos relacionamos desde el respeto que entiende que las personas somos diferentes y necesitamos ser vistas y reconocidas como seres que expresan su sentir y pensar de acuerdo a las preocupaciones o preferencias que tengamos en cierto momento.

Como todo, las redes sociales no son buenas ni malas, simplemente son medios a los cuales damos un uso. Hemos sido testigos de la utilización que se ha hecho de ellas para unir a las personas, expresando ideas y sentimientos que generan el acercamiento, comprensión y unidad entre seres humanos, contribuyendo con ello a mejorar su salud. Al tener todas estas ideas en mente ¿qué uso te gustaría hacer de las redes sociales?, ¿Cómo podríamos utilizar las redes sociales para contribuir al bienestar biopsicosocial de las poblaciones?

Esperando que estas reflexiones te ayuden a tener bienestar, te invitamos a leer la tercer parte de esta saga con el artículo: Salud y Ecología.

Bibliografía:

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Bateson, G. & Bateson, M. (1994). El temor de los ángeles. Barcelona: Gedisa Editorial.

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